“Cuando era pequeño y vivía en el monasterio, en nochevieja estaba ansioso esperando la llegada del año nuevo. Casi no podía ni dormir, quizás debido a la posibilidad de nuevas esperanzas y aspiraciones. Y para este año nuevo también tengo esperanza y aspiración. Tengo la esperanza de que con la llegada de este nuevo año pueda andar sobre el mismo suelo que vosotros, los continentes de occidente. Caminar a través de los mismos paisajes y abrir la puerta a esa intimidad. Esa es mi esperanza para el año nuevo.

Mirando hacia atrás al año que ya termina, podemos recordar experiencias dolorosas y difíciles, así como experiencias alegres y felices. Las distintas experiencias, ya sean dificultosas y desafiantes o gozosas y agradables, son como paisajes, tapices en nuestras vidas; tienen que ver con los atributos, hechos significativos en nuestras vidas. Es importante recordar estas alegrías y tristezas que nos han marcado en este último año. La cuestión es que las dificultades que hemos tenido que afrontar, las experiencias dolorosas, no deberíamos dejarlas estar, dejarlas de lado, o ignorarlas por ser demasiado dolorosas. Las dificultades y los desafíos deberían ser como atributos que moldeen y den forma a los contornos de nuestras vidas, de modo que les demos así una utilidad y un significado.

Personalmente he afrontado una serie de dificultades, especialmente en los años 1999 y 2000 (cuando escapó del Tíbet), como muchos de vosotros ya sabéis. Las dificultades y desafío que he afrontado se han convertido en los adornos de mi vida. De no haber ocurrido, tal vez permanecería en el anonimato; pero podemos atribuir parte del reconocimiento (del que actualmente disfruto) a dichos sucesos. Cada dificultad puede ser tomada como una bendición disimulada. Pueden adornarnos la vida. Podemos encontrar resultados beneficiosos. Lo más preferible sería ser capaz de utilizar cualquier problema que hemos tenido que afrontar para un mayor crecimiento en el año entrante. Así los problemas se convierten en atributos, en dignidad humana, en abundancia, en plenitud. Nos adornan al ser capaces de aprender. Hacer esto sería lo mejor.

Si uno no es capaz de hacer esto, al menos debería dejar atrás esos problemas, soltarlos. No llevéis con vosotros toda una carga de pesares para este año que empieza. Empezad el año nuevo con vida nueva.

En 2006 he tenido que afrontar numerosos desafíos, particularmente al haber tomado la responsabilidad de dirigir el “Monlam Kagyu”. Es mucha responsabilidad y dificultad, y muchas cosas a considerar. Pero en esta víspera, todas esas dificultades, por muy duras que fueren, han valido la pena porque han sido soportadas para vuestro beneficio. Entonces, ¿porqué deberíamos quedar atascados con ellos? Así pues, los he dejado atrás. Esto noche acudo a vosotros fresco y cristalino. Espero que vosotros también podáis venir frescos. Decorad y dignificad vuestra existencia humana y, por lo menos, no acarreéis una pesada carga en vuestra vida presente. Despedios del año anterior.

Lo que debemos tener en cuenta es que no consideremos que el tiempo nos controla, o que las costumbres nos controlan. El tiempo no dicta nuestro cambio, y tampoco las costumbres nos controlan. Es nuestra voluntad la que manda. Sentios inspirados, motivados para cambiar. Utilicemos voluntariamente la fecha del Año Nuevo como vehículo para el cambio. Podemos cambiar siempre que queramos, puesto que el cambio no viene determinado por el tiempo ni por las costumbres. Así pues, el propósito principal del budismo es ver nuestros puntos de vista habituales y condicionados, nuestra fijación fanática a cualquiera visión de la realidad que mantengamos. Las enseñanzas budistas nos ayudan a deshacernos de estas fijaciones. Nos ayudan a comprenderlas, a entender estas fijaciones, esta rigidez; a no desarrollar un nuevo punto de vista a medida que avanzamos en el camino, sino a ir gradualmente más allá de todo punto de vista.

Cuando aplicamos el Dharma a nuestras vidas espirituales y actividades cotidianas, nuestra actitud se libera de fijaciones extremas. Cuando vivimos nuestras vidas y afrontamos desafíos y dificultades, hay suficiente espacio para el movimiento, para que ocurran las cosas. No hay razón para quedarse encallado; más bien empieza a haber sitio para la esperanza, para las posibilidades, para la confianza.

Así pues, esta noche es importante que sepamos que no estamos intentando promover un punto de vista particular. Ya existen suficientes opiniones. Lo que necesitamos es una experiencia genuina de paz y estabilidad mentales, el desarrollo de una capacidad profunda de sabiduría, que no dependa de contar cuánto tiempo llevamos haciendo esto o aquello. Más bien hemos de ver día a día qué sucede en nuestras vidas, qué percepción desarrollamos a diario, semana a semana, mes a mes.

Podríamos usar el amor y la compasión. Podemos preguntarnos qué mejoras hemos sido capaces de desarrollar; qué hemos cultivado en nuestra vida diaria para que eso ocurra.

Se necesitan dos cosas:

1) Una guía adecuada.

2) Ejemplos de lo que es beneficioso adoptar y lo que es poco saludable y debemos abandonar.

Reconocer por nosotros mismos qué es perjudicial, y abandonarlo; y reconocer lo que debemos adoptar. Autoayuda. Ayudaos a vosotros mismos a apreciar, a desarrollar, no dependiendo de que otros os enseñen, sino adoptando las directrices que necesitáis seguir. En términos de autoayuda, ¿qué es lo que necesitamos hacer?

Nos alimentamos tres veces al día. Sean tres veces o no, seguimos teniendo la noción de cuidar del cuerpo. Hay esa noción de un “yo” que es dueño del cuerpo. Es una experiencia persistente, sin una referencia fija, sin una referencia al cuerpo o a una entidad. Y aun así hay una cierta dependencia -tal vez una conciencia, una mente, un entendimiento del cual tenemos experiencia. Si es así, tal vez tengamos que ayudar a eso, alimentarlo tres veces al día. Alimentar la mente para ser fuertes, para sentir confianza, para tener una mente madura -como vitaminas mentales-. Pillar un resfriado es desagradable, pero un resfriado mental es peor. Tal vez deberíamos cuidar a nuestra mente más que a nuestro cuerpo.

Para concluir me gustaría decir que he oído que entre los presentes hay unos mil extranjeros. Para mí sois como mil Budas, mil Bodhisattvas. De hecho, no sé qué aspecto tiene un Buda, pero en nuestro tiempo los Budas tienen el cabello de diferentes tonalidades: rubio, negro, castaño; algunos son bajos, otros altos. ¡Me sorprende la gran variedad de aspectos en los que los Budas se pueden manifestar!

El hecho de que hayáis venido aquí y participado en el Monlam Kagyu me hace sentir fortalecido, por la presencia de todos vosotros. Me siento vigorizado, como queriendo hacer algo. Tengo que hacer más. Así que quiero daros las gracias a todos por esta fuerza. Gracias.

En el pasado mis actividades han dependido de otros, de conexiones, de la fuerza colectiva de otros. Así será también en el futuro: la fuerza, la concurrencia inseparable de los demás, el vínculo. Sois todos muy importantes para mí, una fuente de beneficio para mí, y tal vez yo lo sea también un poquito para vosotros.

En esta víspera expreso mis deseos, de todo corazón, de bienestar para todos vosotros, y el deseo de que sigamos conectados en los años que vienen. Si la experiencia es de felicidad, la tendremos juntos. Si es de sufrimiento, la tendremos juntos.

Con esto os deseo todo lo mejor. Feliz Año Nuevo”.